Sínodo de los Obispos sobre la Familia. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El P. Daniel Rodrigo Bustamante Goyeneche, Director Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), analizó el trabajo del Sínodo Extraordinario sobre la Familia, y aseguró que el rumbo que sigue, con miras al Sínodo Ordinario de 2015, “a pesar de los distintos enfoques que le dieron los medios de comunicación, lo marcan el Evangelio y Francisco”.

En un artículo publicado en el sitio web de la CEC, titulado “El Sínodo, más allá de los medios de comunicación”, el P. Bustamante Goyeneche señaló que a pesar de las expectativas de la prensa secular de esperar que se permita la Comunión a los divorciados en nueva unión, “la Iglesia no tiene potestad para dar la comunión a estas personas. Y es así, pues lo contrario sería admitir que el matrimonio canónico no es indisoluble, cosa que el mismo Cristo dejó atada para siempre”.

A continuación, ACI Prensa reproduce el texto completo del artículo del P. Daniel Rodrigo Bustamante Goyeneche:

El Sínodo, más allá de los medios de comunicación

Según muchos medios de comunicación, el debate del Sínodo estuvo, está y estará centrado en la comunión a los divorciados vueltos a casar. Es el muro contra el que se estrellarán todas las olas, pues con la doctrina católica en la mano, la Iglesia no tiene potestad para dar la comunión a estas personas. Y es así, pues lo contrario sería admitir que el matrimonio canónico no es indisoluble, cosa que el mismo Cristo dejó atada para siempre.

Este Sínodo ha sido un “caminar juntos” y un verdadero tiempo de gracia donde se ha vivido la colegialidad. Son explicitas las palabras de los padres sinodales, reunidos en Roma junto al Santo Padre Francisco donde se dirigen a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, a través de un mensaje publicado este pasado sábado 18 de octubre.

En primer lugar manifiestan “admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor”. Y en concreto el Papa dijo que: “con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad, hemos vivido verdaderamente una experiencia de Sínodo, un recorrido solidario, un “camino juntos”. Y siendo “un camino” –como todo camino– hubo momentos de carrera veloz, casi de querer vencer el tiempo y alcanzar rápidamente la meta; otros momentos de fatiga, casi hasta de querer decir basta; otros momentos de entusiasmo y de ardor. Momentos de profunda consolación, escuchando el testimonio de pastores verdaderos (Cf. Jn. 10 y Cann. 375, 386, 387) que llevan en el corazón sabiamente, las alegrías y las lágrimas de sus fieles. Momentos de gracia y de consuelo, escuchando los testimonios de las familias que han participado del Sínodo y han compartido con nosotros la belleza y la alegría de su vida matrimonial (…). Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación”.

En el caso de nuestro Sínodo Extraordinario, el diálogo fue sumamente fraterno, cordial y animado por la petición explícita de Francisco para que nadie tuviera miedo de expresar su parecer. Sólo unas pocas voces asumieron una actitud amarga y lamentaron el clima de libertad auspiciado y presidido por el Santo Padre.

Muchos medios de comunicación informaron con bastante objetividad sobre el Sínodo. Sin embargo, algunos intentaron usar las discusiones para abonar a su propia agenda ideológica. Estaban a la caza de algún error, de alguna deficiencia, para exhibir en el fondo que el Papa está cometiendo errores al buscar una Iglesia más colegial, más misericordiosa y más cercana a las heridas de las familias reales.

Por otra parte, cierta prensa liberal también quiso promover su propia agenda intentando hacer aparecer al Sínodo como un espacio de condescendencia acrítica al mundo postmoderno. Ambas posiciones, aunque aparentemente situadas en polos opuestos, abrevan de la misma matriz: disolver lo específico cristiano en un discurso moral y de poder, ya sea conservador, ya sea liberal. Así es necesario entender que ningún Sínodo va a cambiar la naturaleza de realidades como la familia o el matrimonio, aunque haya mucha presión por parte de los medios de comunicación para influir en la cultura y por necesidad de noticias, de novedades.

Eso de que la familia merezca un Sínodo y otro de preparación, nos ha confirmado la importancia de la realidad de la familia y, el hecho de que estén distanciados de casi un año nos lleva a pensar que la familia es una realidad muy necesaria para la humanidad y para la Iglesia que requiere mucha atención. Por eso es importante reconocer la coherencia con la que la Iglesia actúa ante una realidad tan importante y urgente, y reaccione con serenidad y prudencia, porque no se trata de salir del paso sino, de ser luz del mundo.

Durante un año, las conferencias episcopales de todo el mundo habrán de reflexionar y asumir con seriedad los desafíos formulados en el Sínodo Extraordinario, para impulsar – con renovada creatividad – una agenda pastoral de vanguardia.

Hemos sido testigos cómo el rumbo del Sínodo, a pesar de los distintos enfoques que le dieron los medios de comunicación, lo marcan el Evangelio y Francisco, que es garante de la unidad de la Iglesia. El rumbo consiste en profundizar en el depósito de la fe para renovar en clave de misericordia y de misión la pastoral familiar. El rumbo está dado por la Evangelii gaudium, y por las valientes y clarísimas homilías del Papa que guían la barca de Pedro hacia mares de verdad y de luz, que iluminen la conciencia de los hombres.

P. Daniel Rodrigo Bustamante Goyeneche

Director Departamento de Matrimonio y Familia

Conferencia Episcopal de Colombia.