La tarde del sábado 1 de noviembre el Papa Francisco presidió en el Cementerio romano del Verano, la Misa en la Solemnidad de Todos los Santos. “Personas que pertenecen totalmente a Dios”, así definió el Obispo de Roma a todos aquellos, la mayor parte desconocidos hombres y mujeres  que, en lo escondido, han vivido el ideal de las Bienaventuranzas. Durante esta celebración, que congregó especialmente a gran cantidad de fieles romanos, se expusieron para la veneración de los fieles, las reliquias de los dos Papas canonizados recientemente: Juan XXIII y Juan Pablo II. Se dirigieron oraciones especiales por los cristianos perseguidos por causa de la fe y una vez más por los pobres, los sufrientes y los que no tienen esperanza. Al final de la liturgia, el Papa pronunció una oración de bendición de las tumbas.