Queridos hermanos y hermanas,

La liturgia de hoy habla de la gloria de la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celeste. Los invito a rezar para que la Ciudad Santa, querida por los hebreos, cristianos y musulmanes, que en estos días ha sido testigo de diversas tensiones, pueda ser siempre más signo y anticipación de la paz que Dios desea para toda la familia humana.

Hoy, en Victoria, (España) será proclamado Beato el mártir Pedro Asúa Mendía. Sacerdote humilde y austero, predicó el Evangelio con la santidad de vida, la catequesis y la dedicación hacia los pobres y los necesitados. Arrestado, torturado y asesinado por haber manifestado su voluntad de permanecer fiel al Señor y a la Iglesia, representa para todos nosotros un admirable ejemplo de fortaleza en la fe y de testimonio de la caridad.

Saludo a todos los peregrinos provenientes de Italia y de tantos Países. En particular, saludo a los participantes de la “Carrera de los Santos” y de la “Marcha de los Santos”,  promovidas respectivamente  por la Fundación ‘Don Bosco en el mundo’ y por la ‘Asociación Familia Pequeña Iglesia’. Me complazco por estas iniciativas que unen el deporte, el testimonio cristiano y el compromiso humanitario. Saludo asimismo a los chicos de Módena, que han recibido la Confirmación, con los padres y los catequistas, como también a los voluntarios de la ciudad de Sciacca y el grupo deportivo de la parroquia de Castegnato (Brescia).

Esta tarde iré al cementerio del Verano y celebraré la Santa Misa en sufragio de los difuntos. Visitando el principal cementerio de Roma, me uno espiritualmente a cuantos visitan en estos días las tumbas de sus muertos en los cementerios del mundo entero. 

A todos les deseo una buena fiesta de los Santos, en la alegría de ser parte de la gran familia de los Santos. 

No se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!