Siguiendo la tradición, el Santo Padre Francisco celebró la mañana del lunes 3 en la basílica vaticana, la santa misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos en los últimos doce meses, a los que recordó con gratitud, rememorando su servicio a la Iglesia. ”Esta celebración, gracias a la Palabra de Dios -afirmó- está completamente iluminada por la fe en la resurrección”. ”Toda la revelación divina es fruto del diálogo entre Dios y su pueblo, y también la fe en la Resurrección está unida a este diálogo, que acompaña el camino del Pueblo de Dios en la historia. No hay que maravillarse de que un misterio tan grande, tan decisivo, tan sobrehumano como el de la Resurrección haya requerido todo el recorrido, todo el tiempo necesario hasta Jesucristo. Él puede decir: ”Yo soy la resurrección y la vida porque en él ese misterio no sólo se revela plenamente, sino que se cumple, sucede, por primera y definitiva vez se convierte en realidad… Cada uno de nosotros está invitado a entrar en ese acontecimiento. Estamos llamados a estar primero ante la cruz de Jesús…, a escuchar su último grito y su último suspiro y, al final … ese silencio que se prolonga durante todo el Sábado Santo. Y después estamos llamados a ir a la tumba, para ver que la gran piedra se ha abierto, para escuchar el anuncio: ”Ha resucitado, no está aquí”. Allí está la respuesta. Allí está el fundamento, la roca. No en ”discursos persuasivos de sabiduría, sino en la palabra viva de la cruz y la resurrección de Jesús”. ”Es lo que predica el apóstol Pablo -concluyó el Pontífice- Jesucristo, crucificado y resucitado. Si él no ha resucitado, nuestra fe es vacía e inconsistente. Pero como Él ha resucitado, más aun, Él, es la Resurrección, nuestra fe está llena de verdad y de vida eterna”.