VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas, es decir, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. Si las circunstancias lo exigen, por causas particulares, puede disminuirse el número de lecturas. Sin embargo, háganse por lo menos tres lecturas del Antiguo Testamento, y en los casos más urgentes, dos, antes de la Epístola y el Evangelio. Nunca se ha de omitir la lectura del Éxodo sobre el paso del Mar Rojo (tercera lectura).

 

1

Dios miró todo lo que había hecho

y vio que era muy bueno

 

Lectura del libro del Génesis

1, 1—2, 2

 

Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

Entonces Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas». Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme». Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla, y árboles frutales que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro». Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros —el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche— y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo». Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra». Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».

 

Y Dios creó al hombre a su imagen;

lo creó a imagen de Dios,

los creó varón y mujer.

 

Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos.

El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                        103, 1-2a. 5-6. 10. 12-14ab. 24. 35

 

R.    Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

 

Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz.R.

 

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:

¡no se moverá jamás!

El océano la cubría como un manto,

las aguas tapaban las montañas.R.

 

Haces brotar fuentes en los valles,

y corren sus aguas por las quebradas.

Las aves del cielo habitan junto a ellas

y hacen oír su canto entre las ramas.R.

 

Desde lo alto riegas las montañas,

y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.

Haces brotar la hierba para el ganado

y las plantas que el hombre cultiva. R.

 

¡Qué variadas son tus obras, Señor!

¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!

¡Bendice al Señor, alma mía! R.

 

 

2

El sacrificio de Abraham,

nuestro padre en la fe

 

Lectura del libro del Génesis

22, 1-18

 

Dios puso a prueba a Abraham. «¡Abraham!», le dijo.

Él respondió: «Aquí estoy».

Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que Yo te indicaré».

A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunimos con ustedes».

Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.

Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»

Él respondió: «Sí, hijo mío».

«Tenemos el fuego y la leña —continuó Isaac— pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»

«Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.

Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»

«Aquí estoy», respondió él.

Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único».

Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá».

Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo —oráculo del Señor—: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, Yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz».

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    15, 5. 8-11

 

R.    Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

 

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡Tú decides mi suerte!

Tengo siempre presente al Señor:

Él está a mi lado, nunca vacilaré.R.

 

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

 

Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna

a tu derecha. R.

 

 

3

Los israelitas entraron a pie en el cauce del mar

 

Lectura del libro del Éxodo

14, 15—15, 1a

 

El Señor dijo a Moisés: «Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando Yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.

Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad.

Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto».

El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros».

Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en El y en Moisés, su servidor.

Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

 

                                                           Ex 15, 1b-6. 17-18

 

R.    Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

 

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:

Él hundió en el mar los caballos y los carros.

El Señor es mi fuerza y mi protección, Él me salvó.

Él es mi Dios y yo lo glorifico,

es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

 

El Señor es un guerrero,

su nombre es «Señor».

Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,

lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

 

El abismo los cubrió,

cayeron como una piedra en lo profundo del mar.

Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,

tu mano, Señor, aniquila al enemigo.R.

 

Tú llevas a tu pueblo,

y lo plantas en la montaña de tu herencia,

en el lugar que preparaste para tu morada,

en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.

¡El Señor reina eternamente! R.

 

 

4

Se compadeció de ti con amor eterno tu redentor, el Señor

 

Lectura del libro de Isaías

54, 5-14

 

Tu esposo es Aquél que te hizo:

su nombre es Señor de los ejércitos;

tu redentor es el Santo de Israel:

Él se llama «Dios de toda la tierra».

Sí, como a una esposa abandonada y afligida

te ha llamado el Señor:

«¿Acaso se puede despreciar

a la esposa de la juventud?»,

dice el Señor.

Por un breve instante te dejé abandonada,

pero con gran ternura te uniré conmigo;

en un arrebato de indignación,

te oculté mi rostro por un instante,

pero me compadecí de ti con amor eterno,

dice tu redentor, el Señor.

Me sucederá como en los días de Noé,

cuando juré que las aguas de Noé

no inundarían de nuevo la tierra:

así he jurado no irritarme más contra ti

ni amenazarte nunca más.

Aunque se aparten las montañas

y vacilen las colinas,

mi amor no se apartará de ti,

mi alianza de paz no vacilará,

dice el Señor, que se compadeció de ti.

 

¡Oprimida, atormentada, sin consuelo!

¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas

y por cimientos, zafiros;

haré tus almenas de rubíes,

tus puertas de cristal

y todo tu contorno de piedras preciosas.

Todos tus hijos serán discípulos del Señor,

y será grande la paz de tus hijos.

Estarás afianzada en la justicia,

lejos de la opresión, porque nada temerás,

lejos del temor, porque no te alcanzará.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

 

R.   Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste.

 

Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

 

Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría. R.

 

Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor.

Tú convertiste mi lamento en júbilo.

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

 

 

5

 

Vengan a mí y vivirán.

Yo haré con ustedes una alianza eterna

 

Lectura del libro de Isaías

55, 1-11

 

Así habla el Señor:

¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,

y el que no tenga dinero, venga también!

Coman gratuitamente su ración de trigo,

y sin pagar, tomen vino y leche.

¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta

y sus ganancias, en algo que no sacia?

Háganme caso y comerán buena comida,

se deleitarán con sabrosos manjares.

Presten atención y vengan a mí,

escuchen bien y vivirán.

Yo haré con ustedes una alianza eterna,

obra de mi inquebrantable amor a David.

Yo lo he puesto como testigo para los pueblos,

jefe y soberano de naciones.

Tú llamarás a una nación que no conocías,

y una nación que no te conocía correrá hacia ti,

a causa del Señor, tu Dios,

y por el Santo de Israel, que te glorifica.

 

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,

llámenlo mientras está cerca!

Que el malvado abandone su camino

y el hombre perverso, sus pensamientos;

que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión,

a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.

Porque los pensamientos de ustedes no son los míos,

ni los caminos de ustedes son mis caminos

—oráculo del Señor—.

Como el cielo se alza por encima de la tierra,

así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos

a los caminos y a los pensamientos de ustedes.

 

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo

y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,

sin haberla fecundado y hecho germinar,

para que dé la semilla al sembrador

y el pan al que come,

así sucede con la palabra que sale de mi boca:

ella no vuelve a mí estéril,

sino que realiza todo lo que Yo quiero

y cumple la misión que Yo le encomendé.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               Is 12, 2-6

 

R.    Sacarán aguas con alegría

       de las fuentes de la salvación.

 

Éste es el Dios de mi salvación:

yo tengo confianza y no temo,

porque el Señor es mi fuerza y mi protección;

Él fue mi salvación. R.

 

Ustedes sacarán agua con alegría

de las fuentes de la salvación.

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

anuncien entre los pueblos sus proezas,

proclamen qué sublime es su Nombre. R.

 

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:

¡que sea conocido en toda la tierra!

¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,

porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

 

 

6

 

Camina hacia el resplandor, atraído por su luz

 

Lectura del libro de Baruc

3, 9-15. 32—4, 4

 

Escucha, Israel, los mandamientos de vida;

presta atención para aprender a discernir.

¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos

y has envejecido en una tierra extranjera?

¿Por qué te has contaminado con los muertos,

contándote entre los que bajan al Abismo?

¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría!

Si hubieras seguido el camino de Dios,

vivirías en paz para siempre.

Aprende dónde está el discernimiento,

dónde está la fuerza y dónde la inteligencia,

para conocer al mismo tiempo

dónde está la longevidad y la vida,

dónde la luz de los ojos y la paz.

¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría,

quién ha penetrado en sus tesoros?

El que todo lo sabe, la conoce,

la penetró con su inteligencia;

el que formó la tierra para siempre,

y la llenó de animales cuadrúpedos;

el que envía la luz, y ella sale,

la llama, y ella obedece temblando.

Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia:

Él las llama, y ellas responden: «Aquí estamos»,

y brillan alegremente para Aquel que las creó.

¡Éste es nuestro Dios,

ningún otro cuenta al lado de Él!

Él penetró todos los caminos de la ciencia

y se la dio a Jacob, su servidor,

y a Israel, su predilecto.

Después de esto apareció sobre la tierra,

y vivió entre los hombres.

 

La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios

y la Ley que subsiste eternamente:

los que la retienen, alcanzarán la vida,

pero los que la abandonan, morirán.

Vuélvete, Jacob, y tómala,

camina hacia el resplandor, atraído por su luz.

No cedas a otro tu gloría,

ni tus privilegios a un pueblo extranjero.

Felices de nosotros, Israel,

porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                                18, 8-11

 

R.    Señor Tú tienes palabras de Vida eterna.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal. R.

 

 

7

Yo los rociaré con agua pura

y les daré un corazón nuevo

 

Lectura de la profecía de Ezequiel

36, 17a. 18-28

 

La palabra del Señor me llegó en estos términos:

«Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: “Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país”. Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido.

Por eso, di al pueblo de Israel: “Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que Yo soy el Señor —oráculo del Señor— cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.

Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.

Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.

Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que Yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y Yo seré su Dios”».

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    41, 3. 5bcd; 42, 3-4

 

R.    Mi alma tiene sed de Dios.

 

Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios? R.

 

¡Cómo iba en medio de la multitud

y la guiaba hacia la Casa de Dios,

entre cantos de alegría y alabanza,

en el júbilo de la fiesta! R.

 

Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas. R.

 

Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío. R.

 

 

EPÍSTOLA

 

Cristo, después de resucitar, no muere más

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma

6, 3-11

 

Hermanos:

¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con Él en la resurrección.

Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.

Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre Él. Al morir, Él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    117, 1-2. 16-17. 22-23

 

R.    Aleluia, aleluia, aleluia.

 

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel:

¡es eterno su amor! R.

 

La mano del Señor es sublime,

la mano del Señor hace proezas.

No, no moriré:

viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

 

La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor

y es admirable a nuestros ojos.R.

 

EVANGELIO

Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

16, 1-8

 

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro.

Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande.

Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que Él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como Él se lo había dicho».

Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

 

Palabra del Señor.

Reflexión

 

SÁBADO DE SILENCIO Y TENSA ESPERA

1.- Me refiero a la vigilia que realmente vivieron los apóstoles, discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret, desde el momento mismo en el que Cristo murió, hasta que se enteraron de que había resucitado. Nuestra vigilia, por supuesto, es distinta, porque nosotros comenzamos la vigilia sabiendo ya que el Resucitado está con nosotros. Pero la vigilia que tuvieron que vivir los discípulos de Jesús de Nazaret fue muy distinta. Ellos no sólo no sabían que Jesús iba a resucitar, sino que muchos de ellos ni siquiera lo esperaban del todo. De ahí la tristeza y desconsuelo de los discípulos de Emaús y el no menor desconcierto y abatimiento de los apóstoles y discípulos del Maestro. Las mismas, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé, cuando, pasado el sábado, caminaban hacia el sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, se decían unas a otras: ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? Y, cuando bajan al sepulcro y ven allí a un joven vestido de blanco, se asustan, porque ellas lo que de verdad creían que iban a encontrar era el cuerpo muerto de Jesús. Los apóstoles, entretanto, andaban escondidos por miedo a los judíos. Sí, basta con leer con un poco de detención los evangelios para darse cuenta de que aquel sábado fue, para todos los discípulos del Maestro de Galilea, un día terrible. Un día presidido por el miedo, el silencio y una tensa espera. Y, ¿ahora, qué? se preguntarían. Yo me imagino que en el rincón más hondo y caliente del corazón de los que, con tanto amor y pasión habían creído en Jesús y le habían seguido por los caminos de Galilea, se habría mantenido encendida alguna chispa y lumbre de esperanza.

2.- Pero tenemos que reconocer que hoy día, en nuestro mundo secularizado, la esperanza en la resurrección no parece ser una esperanza suficientemente transformadora y operativa. En nuestra vieja Europa, son bastantes los que creen en la reencarnación y son multitud los que no creen en ningún tipo de vida trascendente y eterna. Este ambiente de increencia generalizado en el que vive nuestra sociedad actual puede terminar influyendo en la fortaleza de la fe de muchos creyentes de buena voluntad. ¿Será verdad?, nos preguntan, los más atrevidos, a los curas, abriendo los ojos como platos, esperando que les demos alguna razón contundente que disipe, como por encanto, las dudas que les atenazan. Pero los curas no tenemos certezas matemáticas, ni científicas sobre la resurrección. Tenemos que hablarles de nuestra creencia personal, de nuestra esperanza religiosa, una esperanza necesaria y vivificadora para nosotros, que apoyamos en la certeza de nuestra fe. También nuestra esperanza es una esperanza más religiosa que científica, alimentada en el silencio de la oración y fortalecida por la fuerza y por la gracia de un Dios que sabemos que se encarnó para salvarnos. En esta vigilia santa de la Pascua, debemos rezar por los que creen dudando y por los que dudan creyendo, por todas las personas de buena voluntad que creen, en silencio o a gritos, que una persona como la de Jesús de Nazaret no puede haber muerto nunca para siempre. Y, si Cristo vivió para destruir y vencer a la muerte, y la venció, también todos los que creemos en Cristo esperamos resucitar con él.

 

Gabriel González del Estal

http://www.betania.es

 

CREER EN LA RESURRECCIÓN

1.- Las primeras “discípulas”. Celebrar la Pascua no es cuestión de recordar el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia humana. Celebrar la Pascua es injertarnos nosotros en ese movimiento que grita a este mundo injusto que otra sociedad sí es posible; que otra manera de relacionarnos sí es posible; que otra manera de vivir y compartir sí es posible. Que la misericordia, el perdón, la ternura y el servicio en bien de los más necesitados es el camino a la vida abundante de Dios. Gritar al mundo que la guerra, la violencia, la arrogancia, la opresión y la exclusión sólo engendran miedo y muerte entre los pueblos y la familia humana. Las mujeres son las primeras que se dieron cuenta y dieron testimonio del triunfo de la vida. Son las primeras “discípulas”, que entendieron lo que había pasado.

2.- El triunfo de la verdad y la justicia. Con la resurrección de su Hijo Dios manifiesta al mundo que la solidaridad y el amor, que el perdón y la misericordia, que la fraternidad y la igualdad prevalecerán sobre el poder económico y el poder religioso. La resurrección de Jesús es el grito de Dios a toda la humanidad de que la maldad, la violencia, la guerra y la muerte serán vencidas. La opresión de los fuertes sobre los débiles, de los grandes sobre los pequeños cesará. Los poderosos de este mundo podrán cantar victoria, pero su triunfo será efímero, al final triunfarán la verdad y la justicia.

3.- ¿Cómo vivir hoy la resurrección? Creer que Cristo es la resurrección y la vida no es mirar tan solo al momento final de la muerte. Creer en la resurrección es creer que nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Creer en la resurrección es creer en la vida. Siempre y en todo momento. Es apostar por la vida. Es defender la vida. Es ser un enamorado de la vida y un sembrador de vida. De la vida de verdad, de la auténtica: de la que nos hace a nosotros y a los demás más personas. Y de la de todos: de los niños que tienen derecho a nacer y de los moribundos que tienen derecho a morir dignamente; de los jóvenes que ansían beber la vida, para que puedan conseguirlo sin adulteraciones ni engaños que entrañan muerte, y de los ancianos que se ven arrinconados y necesitan consideración y cariño.

Creer en la resurrección es ponerse del lado de los que mal mueren para que puedan vivir; es ayudar a los que sufren cualquiera de los males mortales de nuestra sociedad, para que superen su situación; es reanimar a tantas gentes desilusionadas o sumidas en el fracaso y devolverles las ganas de vivir. Creer en la resurrección es trabajar por construir el mundo nuevo de concordia y de paz conquistado ya por la resurrección de Cristo, pero que nosotros debemos ir haciendo renacer poco a poco en medio de este nuestro viejo mundo calamitoso. Es el triunfo de la vida. Jesús ha resucitado. ¡Aleluya!

 

José María Martín OSA

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LA MISERICORDIA DE DIOS TRIUNFA

No hay Cristo sin cruz, pero tampoco cruz sin Resurrección. ¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado!

No podíamos dejar a Jesús olvidado en el sepulcro. Mejor dicho, el Padre, que siempre cumple lo que promete hace que celebremos este gran prodigio de amor y de vida: la Resurrección.

Si en la Cruz, Dios nos demostró los quilates de su amor. Con la Resurrección nos enseña lo que esconde el otro lado de la fidelidad y de la pasión, de la entrega y del sacrificio. Su gran misericordia no permite que, Cristo primero y nosotros después, quedemos abandonados en la mala fortuna y grilletes de la muerte. ¡Aleluya! ¡Cristo nos ha salvado! ¡Qué pena que, este contenido, algunos no lo conozcan! ¡Qué pena que, ese anuncio de futuro, otros lo hayan olvidado!

1.- En esta noche caemos en la cuenta de que, nuestro paso por este mundo además de ser un paseo (como decía Juan XXIII) es una oportunidad que Dios nos da para optar por Él o por el sin sentido, por Él o por el diablo. Dios, movido siempre por la misericordia de su ser Padre desea y quiere el júbilo ahora y en el después de nuestra vida. ¿Por qué algunos sólo piensan, o pensamos, que sólo vale el hoy y damos la espalda al mañana que nos aguarda?

-Bendita sea esta noche en la que se proclama que, entre todas las criaturas, es el ser humano lo más importante.

-Bendita sea esta noche en la que, en medio de este desierto que es el vivir, se nos recuerda que existe una tierra prometida, un final feliz, una ciudad con un nombre: el cielo

-Bendita sea esta noche en la que, el Señor, establece un pacto definitivo con la humanidad. Ya no irá a su deriva y, lo que es peor, no marchará desbocada hacia el precipicio: Jesucristo ha sido el freno a tanta injusticia, dominio de la muerte y rivalidad entre hermanos.

-Bendita sea esta noche en que, la luz, nos hace pensar y soñar en un cielo nuevo. No cesarán los llantos pero, más allá del sollozo, Dios saldrá a nuestro encuentro. Posiblemente seguirán los mismos problemas de ayer pero, con la resurrección como horizonte, seremos más fuertes para llevar la cruz sobre nuestro hombro.

2.- Después de haber escuchado la Historia de la Salvación llegamos a entender que todo estaba pergeñado desde antiguo. Que los profetas no se equivocaron. Que, el Bautista, acertó de lleno cuando se sintió poco y nada al lado del que iba a dinamitar, con su Resurrección, todos los sepulcros cerrados de la humanidad.

Dios, desde el principio de la Creación, se involucró de lleno para alcanzarnos un Paraíso definitivo y, con su Hijo Jesús, muerto para y por nosotros en plena juventud, nos lo posibilita de nuevo: ¡Marcharemos a una vida totalmente nueva! ¡Resucitaremos! ¡Volveremos a vernos! ¡Disfrutaremos de una eternidad, sin más necesidad para ser felices, que el estar frente a Dios!

No olvidemos que, sólo la misericordia de Dios y luego la nuestra, es capaz de darnos vida abundante y con nosotros ofrecerla luego a los demás.

¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Es el trofeo después de tanto llanto, fidelidad, pasión y muerte!

¡Gracias, por todo eso, Jesús! ¡Tú triunfo es una victoria colosal para nosotros! ¡ALELUYA!

 

Javier Leoz