Jueves, 25 de Agosto de 2016

Ustedes han sido colmados en ÉI con toda clase de riquezas

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

1, 1-9

Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a .los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el Nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

No dejo de dar gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en El con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                                     144, 2-7

R.    ¡Te alabamos, Señor; y bendecimos tu Nombre!

Señor, día tras día te bendeciré,

y alabaré tu Nombre sin cesar.

¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:

su grandeza es insondable! R.

Cada generación celebra tus acciones

y le anuncia a las otras tus portentos:

ellas hablan del esplendor de tu gloria,

y yo también cantaré tus maravillas. R.

Ellas publican tus tremendos prodigios

y narran tus grandes proezas;

divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad

y cantan alegres por tu victoria. R.

EVANGELIO

Estén preparados

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

       según san Mateo

24, 42-51

Jesús habló diciendo:

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor que piensa: “Mi señor tardará”, y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Palabra del Señor.

Reflexión

1Cor. 1, 1-9. Dios nos ha llamado a todos a participar de la vida y de la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

Quienes hemos hecho nuestro el Don de Dios formamos la Comunidad, la Iglesia de Cristo. Y Él va enriqueciendo a su Iglesia con una variedad de Dones, de Carismas para el bien de la misma.

Puesto que el Señor nos quiere al servicio del Evangelio, nos entrega, de un modo especial, su Palabra; y nos concede el don del conocimiento para que comprendamos su Palabra, la encarnemos en nosotros mismos y la proclamemos como testigos.

Sin embargo jamás podremos decir que hayamos llegado ya a la perfección. La Iglesia siempre estará en camino, como peregrina hacia el encuentro definitivo con su Señor.

Ojalá y cuando Él vuelva nos encuentre viviendo de un modo irreprochable y trabajando por su Reino.

Sal. 145 (144). Nosotros hemos experimentado el amor que Dios nos ha manifestado en su propio Hijo. Esto supera cualquier otra manifestación del amor de Dios que pueda hacernos prorrumpir en alabanzas y acciones de gracias en su honor.

¿Cómo no amar al Señor y alabarlo si, a pesar de que nos encontró cargados de miserias, se inclinó hacia nosotros para librarnos de nuestras esclavitudes? No somos nosotros, sino la mano del Señor la que lo ha hecho.

La Victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte es también nuestra victoria. Sin embargo muchas veces nosotros continuamos viviendo bajo el signo de la maldad. Pero el Señor siempre está esperando nuestro retorno para recibirnos como a hijos suyos y ponernos en camino como testigos de su Santo Nombre y de su amor misericordioso.

Habiendo experimentado el amor de Dios hagámoslo llegar a toda la humanidad, para que todos se beneficien del amor que procede de Dios.

Mt. 22, 42-51. El Señor nos ha enviado a anunciar su Evangelio; a dar testimonio del mismo con una vida intachable y con el trabajo a favor del bien de todos en todos los niveles.

Ya el Señor mismo nos advertía que no nos dejemos embotar por los bienes pasajeros. Cuando todo parece que marcha bien y disfrutamos de todo, se nos borran de la mente y del corazón los bienes eternos.

Cuando la vida declina a causa de la edad o de la enfermedad, y la existencia está en peligro, tal vez una vez pasada la crisis inicial de depresión y de renegar en contra del mismo Dios (un Dios que siempre estuvo marginado, pero del que ahora uno se acuerda para echarle la culpa de nuestros males, y al que nunca le agradecimos los bienes recibidos), serenadas las aguas internas se inicia un proceso de conversión. ¿Durará siempre?

Recuperada la salud y vueltos al trajín de la vida diaria, ¿habremos aprendido la lección de que todo es pasajero y de que no sólo hemos de buscar al Señor, sino permanecer en Él para convertirnos, en Él, en criaturas nuevas? ¿Qué significa el Señor en nuestra vida?

Nos hemos de preguntar no sólo acerca de cómo estamos preparados para nuestro encuentro definitivo con el Señor, sino de cómo vivimos ya desde ahora nuestro camino de fe en Cristo Jesús.

La entrega de Cristo Jesús es el mayor don de amor que Él nos ha hecho. Efectivamente Él nos dice: nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por los que ama. Y hoy nos hemos reunido para celebrar este Misterio del amor de Dios hacia nosotros. Y el Señor siembra su Palabra en nuestros corazones. Ojalá y esa Palabra encuentre el mejor de los terrenos para que, con la fuerza del Espíritu Santo, pueda producir abundantes frutos de salvación en nosotros.

No nos hemos de conformar con conocer la voluntad de Dios, sino que hemos de hacerla nuestra, dejándole tomar carne en nuestra propia vida. Sólo así podremos decir que realmente estamos en comunión de Vida con el Señor. Vigilemos constantemente para no perder este Don que Dios nos ha hecho. Pero no sólo hemos de conservarlo; sino que nos hemos de esforzar en hacerlo llegar a toda persona de buena voluntad, para que en todos rinda frutos abundantes de salvación.

Este es el trabajo que, como Iglesia, hemos de cumplir cada día. Ojalá y cuando el Señor vuelva nos encuentre cumpliendo fielmente con nuestro deber.

El Señor quiere que su Iglesia, su Esposa, se convierta en sierva a favor del Evangelio. Al confiárnoslo no tuvo en mente el que, por causa del él, buscáramos honores pasajeros. Ponernos en camino para que el Evangelio de la gracia y de la salvación llegue a todos debe desinstalarnos de todo aquello que nos impida proclamar el Nombre del Señor a todas las naciones.

No sólo perjudica a la Iglesia aquel que se pone a embriagar y a golpear a los demás, sino también aquel que no ha sido capaz de hacerse peregrino para hacer llegar hasta el último rincón de la tierra el perdón y el amor de Dios.

Aquel que viva instalado en lo suyo difícilmente podrá decir que esté preparado para el Día del Señor, pues no tan fácilmente podrá demostrar que esté cumpliendo con su deber.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber ser fieles testigos de su Evangelio en el mundo entero. Amén.