LECTURAS DEL DOMINGO 25 DE DICIEMBRE DE 2016

 

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

MISA DE LA NOCHE

 

Un hijo se nos ha dado

Lectura del libro de Isaías

9, 1-6

El pueblo que caminaba en las tinieblas

ha visto una gran luz;

sobre los que habitaban en el país de la oscuridad

ha brillado una luz.

Tú has multiplicado la alegría,

has acrecentado el gozo;

ellos se regocijan en tu presencia,

como se goza en la cosecha,

como cuando reina la alegría

por el reparto del botín.

 

Porque el yugo que pesaba sobre él,

la barra sobre su espalda

y el palo de su carcelero,

todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.

Porque las botas usadas en la refriega

y las túnicas manchadas de sangre,

serán presa de las llamas,

pasto del fuego.

 

Porque un niño nos ha nacido,

un hijo nos ha sido dado.

La soberanía reposa sobre sus hombros

y se le da por nombre:

«Consejero maravilloso, Dios fuerte,

Padre para siempre, Príncipe de la paz».

Su soberanía será grande,

y habrá una paz sin fin

para el trono de David

y para su reino;

él lo establecerá y lo sostendrá

por el derecho y la justicia,

desde ahora y para siempre.

 

El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                   95, 1-3. 11-13

 

R.        Hoy nos ha nacido un Salvador:

   el Mesías, el Señor.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

 

Día tras día, proclamen su victoria,

anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos. R.

 

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjese el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque. R.

 

Griten de gozo delante del Señor,

Porque Él viene a gobernar la tierra:

El gobernará al mundo con Justicia,

y a los pueblos con su verdad. R.

 

 

La gracia de Dios se ha manifestado para todos los hombres

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Tito

2, 11-14

 

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Él se entregó por nosotros, a fin de libramos de toda iniquidad, purificamos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

Hoy les ha nacido un Salvador

a     Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

2, 1-14

 

Apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde se alojaban no había lugar para ellos.. ,

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

 

«¡Gloria a Dios en las alturas,

y en la tierra paz a los hombres amados por Él!»

 

Palabra del Señor.

Reflexión

 

CELEBREMOS LA “NOCHEBUENA” CON ALEGRÍA CRISTIANA

1.- Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Todos sabemos que las fiestas de Navidad sustituyeron, en su origen, a unas fiestas bulliciosas y desmadradas, llenas de crápula y desenfreno. Eran las fiestas que la sociedad celebraba en honor al sol invicto. Como se creía que el 25 de diciembre comenzaba el solsticio de invierno, es decir, que ese día el sol comenzaba a crecer, pues ese día comenzaban unas fiestas ruidosas y bullangueras, desmadradas, como hemos dicho, fiestas que duraban hasta el fin del año y el comienzo del año nuevo. Los cristianos participaban, como ciudadanos que eran, de la alegría de esas fiestas y también se podían ver envueltos en el clima de juergas y atropellos que se cometían en esos días. Contra estas fiestas quiso luchar la Iglesia y buscó un motivo religioso que pudiera cambiar estas celebraciones paganas por una celebración religiosa. Estamos a finales del siglo III y comienzos del siglo IV y la Iglesia dice a los cristianos que nuestro sol invicto es realmente Cristo Jesús y que debemos celebrar su nacimiento con más alegría aún que la que demostraban los paganos en memoria del nacimiento del sol. En esos momentos y de esa manera comenzó a celebrarse la Navidad cristiana. Frente a la alegría ruidosa y desmadrada de las fiestas paganas, los cristianos debemos manifestar en estos días una alegría igualmente grande, pero no una alegría pagana y externa, sino una alegría interior y religiosa. Siguiendo este deseo de la Iglesia, también ahora nosotros, los cristianos, debemos celebrar la <nochebuena> y las fiestas de Navidad con una gran alegría humana, interior y exterior. En esta noche santa debemos vestir el alma con traje de inocencia, de ilusión confiada, de fe sencilla y niña, de alegría santa. La alegría es una nota distintiva de estas fiestas navideñas, alegría individual, alegría familiar, alegría comunitaria, alegría interior y religiosa, alegría también social y pública.

2.- No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. El principal motivo de nuestra alegría navideña no puede ser otro que la esperanza y la certeza de la venida de un Dios que, por amor, ha venido a salvarnos. Ha venido a salvarme a mí y, por eso, mi alegría es, en primer lugar, una alegría personal e íntima. Sé que, por mí mismo, no voy a merecer la salvación, pero también sé que, por los méritos de Cristo, Dios me va a salvar. Esto es motivo de profunda e íntima alegría religiosa y espiritual; la Navidad es tiempo propicio para experimentar y saborear esta alegría. La alegría navideña debe ser también una alegría familiar, celebrando familiarmente estas fiestas con una especial alegría. De hecho, en estos días de Navidad las familias se acogen y se reúnen con especial alegría. Estas reuniones alegres son un fruto bueno que debemos colgar del árbol de la Navidad. También los cristianos debemos expresar nuestra alegría navideña comunitariamente, como Iglesia de Cristo. Nos reunimos en la iglesia y expresamos nuestra alegría navideña contemplando el belén, cantando villancicos, y, sobre todo, participando espiritualmente en el misterio litúrgico de la eucaristía. En fin, que nuestra alegría debe ser humana, es decir, interior y exterior, íntima y privada, también exterior y pública. Una alegría llena de paz, de fraternidad, de compromiso con los miembros más necesitados del cuerpo de Cristo. Una alegría sin crisis, o a pesar de la crisis, humanamente cristiana y espiritualmente contagiosa. ¡FELIZ NAVIDAD!

 

LA TERNURA DE DIOS

1.- ¡Feliz Noche Buena! Tanto el evangelista Lucas como el profeta Isaías nos muestran al Niño que ha nacido con palabras hermosas y llenas de contenido. Toda la sabiduría y todas las promesas bíblicas están resumidas en estas definiciones, en estas descripciones que se nos hace de Jesús. El es el Salvador, el Mesías, el Señor. Él es Maravilla de consejero, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz. Él es hoy, esta noche y durante estos días santos del tiempo litúrgico de Navidad, el niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Él es la grandeza de Dios en la realidad frágil, pobre, humilde, y tierna de un niño que acaba de nacer, de un niño para el que su Madre apenas encuentra lugar donde recostarle, un niño que, anunciado por los ángeles, es adorado por unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turnos su rebaño.

2.- La verdadera Noche Buena es la de Belén. En ese niño, como escribe Pablo en su epístola a Tito, “ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, llevando ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y salvador nuestro: Jesucristo”. La Navidad es el tiempo de Dios, el tiempo de la Fe, el tiempo de la Esperanza. De esa esperanza que es la salvación. Y no hay otra Navidad…..Por más que nos empeñemos en banalizarla, edulcorarla, maquillarla, disfrazarla y desnaturalizarla, viviendo y practicando tantas veces una Navidad sin Dios. Y no hay otra Navidad que la Navidad de Belén, la Navidad que el evangelista Lucas y el resto de los textos bíblicos de hoy y de estos días nos relatan. Algo muy distinto de las “otras navidades”. La verdadera Navidad es la Navidad de la Esperanza. En estos tiempos de crisis económica y moral debemos recuperar la Esperanza. En esta “Noche Buena” Dios se hace Niño y se manifiesta en la pequeñez y en pobreza para indicarnos el verdadero camino de la vida, la gran sabiduría de la existencia y la gran y única esperanza que nos salva.

3.- Regalar consuelo y ternura. Hagamos posible la esperanza con nuestros gestos y con nuestros detalles. Esperanza es el nuevo nombre de la Navidad. Y a esa esperanza hemos de comprometer nuestra vida. Una vida sobria que significa también solidaridad, fraternidad y justicia social, Una vida honrada en el cumplimiento de la entera ley de Dios, en el respeto a los demás, en la equidad y cuyos otros nombres son también solidaridad y fraternidad. Una vida religiosa: una vida que descubra a Dios, al Dios revelado por Jesucristo, al Dios de rostro y corazón humanos, que hoy, en Belén, en Jesús, es el niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Una vida, sí, sobria, honrada y religiosa. Es decir, una vida abierta a Dios y dirigida al prójimo. Una vida cuajada, rebosante y remecida de una esperanza que se basa en el amor de Dios y que se demuestra en el amor al prójimo. Hagamos posible la esperanza regalando no sólo cosas materiales, sino lo que de verdad puede hacer felices a nuestros hermanos los hombres y mujeres de nuestro tiempo:

– El regalo de escuchar. Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar o criticar. Sólo escuchar. Y si te pones en el lugar de la persona que te cuenta sus problemas o preocupaciones, lo estarás haciendo de forma genial.

– El regalo del cariño. Ser generoso con besos, abrazos, una palabra amable, un apretón de manos. Con estas pequeñas acciones demuestras el cariño por tu familia y amigos.

– El regalo de la sonrisa. Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas, y tu regalo dirá «me gusta reír contigo»

– El regalo de una nota escrita. Puede ser un simple «gracias por ayudarme». Un detalle así puede ser recordado toda una vida, inclusive cambiarla.

– El regalo del reconocimiento. Un simple, pero sincero «estás guapísima con ese vestido»; «has hecho un gran trabajo»; «sin tu ayuda nunca hubiera terminado esta tarea»; «fue una cena estupenda»… pueden convertir en especial un día ordinario.

– El regalo del favor. Todos los días procura hacer un favor. Y pedir las cosas «por favor».

– El regalo de la gratitud. Una manera de hacer sentir bien a los demás es decir cosas como “muchas gracias”; “que suerte tenerte cerca”.

4.- Hoy podíamos hacerle esta pregunta al Señor en nuestra oración personal: ¿dónde y a quién puedo y tengo que llevar palabras y gestos de consuelo y no lo estoy haciendo? Dímelo Señor. Dame tu luz para darme cuenta y la fuerza para hacerlo. Que yo pueda celebrar tu nacimiento sembrando esta estrella en el corazón de aquel que vive a mi lado o que veo todos los días en mi trabajo. Que de mis labios salgan palabras de consuelo y ternura, de mis manos gestos de acogida, especialmente hacia los que más me cuesta, que suelen ser los que necesitan más amor en sus vidas.

 

EN SILENCIO, DIOS HACE DE LAS SUYAS

Sin ruido, pero con contenido. Sin fuegos artificiales, pero con mucho fuego en su interior. Sin campanas, cava, turrón ni otras tantas cosas vino el Señor. Lo hizo sin más dulce que Él mismo, sin más cava que el licor del amor y sin más campanas que el revoloteo de unos ángeles que proclamaban: ¡Gloria a Dios en el cielo que ha nacido el Salvador!

1.En esta noche lo grande se hace pequeño, lo inalcanzable se pone a la mano y –el camino de la salvación– es una aduana abierta por el inmenso amor que Dios nos tiene. ¿Qué tiene la Navidad que, hasta los más fríos, parecen refugiarse en la familia, los sentimientos o un intento de ser mejor? ¿Sólo solsticio o luces que no dicen nada? ¡No! La Navidad es el amor de un Dios. Por eso, desde ese amor, ya no tenemos. Dios se ha hecho fiador. Sale a nuestro encuentro y nos recupera. En la cuna de Belén, en esta noche, Dios habla sin más palabras que su deseo de conquistarnos. En la cuna de Belén , en esta noche, el silencio de Dios nos conmueve y remueve nuestras entrañas. ¡Gracias, Señor, por tu silencio! ¡Nunca tanto silencio nos hizo tanto bien!

-El Dios, que siendo “YO” se hace como nosotros

-El Dios que está en los cielos y de una forma fulminante y comprometida desciende hasta la tierra. ¿Para qué? Para compartir nuestros sufrimientos y, esos sufrimientos, dignificarlos y santificarlos.

-El Dios que, tocando todo, respeta nuestro pecado y por lo tanto nos hace comprobar la diferencia entre la luz y la oscuridad, la gracia o la imperfección, el cielo o el infierno.

2.- En esta noche, los ángeles, interrumpen nuestro sueño. Algunos, como los contemporáneos del Niño Jesús, no se percatarán de su nacimiento

Otros, cerrando sus corazones, serán reflejo de aquellas otras posadas que dijeron ¡no! al paso de la Familia Sagrada

Y, otros más, entretenidos en sus cosas, en su mundo y mirando a otra parte…serán incapaces de descubrir, ver y seguir el destello de una estrella que conduce hasta el Dios Humanado.

¡Gracias, Señor!

Puede que, como los pastores, también nosotros veamos unos simples pañales, un austero portal.

Puede que, como los pastores, nuestros ojos no descubran nada extraordinario. Pero, es que en esa aparente invisibilidad del señorío de Dios, está la dignidad de su pobreza y la pobreza en su grandeza. Sólo, con un corazón sobrecogido por el misterio, podremos ver el prodigio que está contenido en un mísero establo. Nunca, tanta riqueza, se hizo tan gran mendigo para solicitar del hombre eso: cariño, amor, ternura, asombro, respeto, adoración y fe.

En el silencio de una noche mágica Dios quiso transformar el mundo, simplemente, haciéndose Niño. ¿Por qué nos empeñamos en romper el mundo siendo demasiado adultos?

MISA DEL DÍA

Los confines de la tierra

verán la salvación de nuestro Dios

Lectura del libro de Isaías

52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre las montañas

los pasos del que trae la buena noticia,

del que proclama la paz,

del que anuncia la felicidad,

del que proclama la salvación

y dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»

¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,

gritan todos juntos de alegría,

porque ellos ven con sus propios ojos

el regreso del Señor a Sión.

¡Prorrumpan en gritos de alegría,

ruinas de Jerusalén,

porque el Señor consuela a su Pueblo,

Él redime a Jerusalén!

El Señor desnuda su santo brazo

a la vista de todas las naciones,

y todos los confines de la tierra

verán la salvación de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                                    97, 1-6

R.    Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Canten al Señor un canto nuevo,

porque Él hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria.  R.

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos.  R.

Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey.  R.

Dios nos habló por medio de su Hijo

Lectura de la carta a los Hebreos

1, 1-6

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.

Él es el resplandor de su gloria

y la impronta de su ser.

Él sostiene el universo con su Palabra poderosa,

y después de realizar la purificación de los pecados,

se sentó a la derecha del trono de Dios

en lo más alto del cielo.

Así llegó a ser tan superior a los ángeles,

cuanto incomparablemente mayor que el de ellos

es el Nombre que recibió en herencia.

¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:

«Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»?

¿Y de qué ángel dijo:

«Yo seré un padre para él

y él será para mí un hijo»?

y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice:

«Que todos los ángeles de Dios lo adoren».

Palabra de Dios.

EVANGELIO

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Juan

1, 1-18

Al principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan.

Vino como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz,

sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera

que, al venir a este mundo,

ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo,

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos,

y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él, al declarar:

«Éste es Aquél del que yo dije:

El que viene después de mí

me ha precedido,

porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado

y hemos recibido gracia sobre gracia:

porque la Ley fue dada por medio de Moisés,

pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

Nadie ha visto jamás a Dios;

el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,

que está en el seno del Padre.

Palabra del Señor.

Reflexión

 

HA VENIDO, Y BASTA… ¡FELIZ NAVIDAD!

Era la exclamación que, una madre, susurraba al oído de su marido cuando su hijo llegaba después de un tiempo sin más noticias que su ausencia.

1. También nosotros queremos ver y sentir la presencia de un Dios que se deshace en amor: ¡Vienes, Señor, y nos basta! Tal vez, a veces, te sentimos lejano o distante. ¿Igual los fríos somos nosotros?

En este día de Navidad celebramos un hecho histórico y cargado de muchos sentimientos y contenido: ¡Dios nos hace partícipes de su naturaleza divina! Es la mejor lotería que, al ser humano, le puede alcanzar. Sin vivir en el cielo, ya desde ahora, podemos besar, adorar, embelesarnos y tocar la humanidad de Dios y, por lo tanto, también su divinidad. La Navidad es el deshielo de las relaciones de los hombres con Dios. Dios, se aproxima tanto, que derrumba fronteras, abaja orgullos y recompone este mundo nuestro. Otra cosa, muy distinta, el que ese mundo esté dispuesto a reconstruirse o quedarse en el “todo va bien”.

Hoy expresamos nuestra comunión y amistad con Jesús. Y, al entrar en contacto con El sentimos que Dios forma parte de nuestra historia, no nos abandona, comparte nuestra condición nos hace dioses. ¿Misterio? ¿Imposible de comprender y abarcar todo esto? ¡No! Un Niño lo dice y lo hace todo. Hoy, la fe, entra por la vista, por el gusto, por el oído, por el tacto y hasta por el olfato. ¡Has venido, Señor, y nos basta!

2.- Hemos venido, como los pastores, derechos a Belén. ¿Y qué hemos descubierto? Ni más ni menos el gigantesco y colosal amor que Dios nos tiene. Dios se ha hecho fiador. Dios rompe moldes. Dios deja su comodidad y nos dice “como di dad”. Como en Belén, me di, en la vida daros también vosotros en la gruta de vuestro corazón.

¡Dios nos ama! Y, esa afirmación, no es poesía, no es frase que se escribe tímidamente en una pared. Significa mucho más: ¡Dios se compromete con nuestra causa! ¡Dios viene a salvarnos! ¿Cómo? Lo hace metiéndose en nuestra piel.

La Navidad no es un disfraz con el que, Dios, se llega a la humanidad para hacerse el simpático o digno de compasión. La Navidad, el Nacimiento de Jesús, es la apuesta más arriesgada de un Dios (Omnipotente y Excelso) que desciende al encuentro y al rescate de la humanidad.

En estos tiempos, recios y contradictorios, de luchas y de crisis, de preocupaciones y falta de motivaciones para vivir un Niño nos ha nacido para que recuperemos las ansias de vida, de salvación, de eternidad, de Dios. Y, ese Niño, tiene un nombre: ¡Jesús!

Por fin, hermanos y amigos, la Palabra –además de escucharse– se ve, toma forma, se hacer carne. Sin grandes campañas de presentación ni grandes medios a su alcance.

Hoy, en la humildad, en silencio pero con muchísimo amor….nos ha nacido el Salvador.

Por cierto; los pastores volvieron dando gracias, la estrella destellando, los Magos llenos de Dios. También nosotros tenemos que ser Navidad. Las mejores luces, de la Navidad, son nuestros ojos, nuestros labios, nuestras entrañas y nuestro testimonio público de fe.

Ante tanto político suelto, empeñado en apagar luces de Navidad, somos nosotros los que hemos de encender en las calles oscuras de esta tierra la Buena Noticia que hoy celebramos: ¡DIOS NACIÓ!

LA PALABRA DE DIOS SE OFRECE A TODOS

1 – Feliz Navidad. Hoy se manifiesta el amor de Dios. Muestra su amor a toda la humanidad. Es Dios quien toma la iniciativa, quien da el primer paso para acercarse a los hombres. Queremos preparar nuestro interior de manera que el Niño Dios encuentre en nosotros un pesebre cálido para su nacimiento.

El prólogo del evangelio de Juan identifica a Jesús con la Palabra, “el Logos” griego. La enseñanza de Juan el Bautista, el hombre enviado por Dios y testigo de la luz, nos conduce al encuentro con Jesús, “luz verdadera que alumbra a todo hombre”. La Palabra de Dios recorrió un largo proceso en su acercamiento a los hombres. La hemos contemplado presente en la Creación. La vemos, como señala la Carta a los Hebreos, a lo largo de la historia del pueblo de Dios, al cual Dios ha hablado en distintas ocasiones por medio de los profetas. En la etapa final de la historia nos ha hablado por el Hijo, la luz verdadera. Pero lo más grave es que los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Rechazaron la claridad para vivir en la oscuridad. ¿Y nosotros, qué preferimos las tinieblas o la luz? Porque, como dice San Agustín, “la Palabra de Dios se ofrece a todos; cómprenla quienes puedan. Pueden todos los que piadosamente lo quieren. En esa Palabra se encuentra la paz; y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Por tanto, quien quiera comprarla, que se dé a sí mismo. Él es como el precio de la Palabra, si es posible expresarse así; quien lo da no se pierde a sí mismo, a la vez que adquiere la Palabra por la que se da, y se adquiere a sí mismo en la Palabra por la que se da. ¿Qué da la Palabra? Nada que no pertenezca ya a aquella por quien se da; antes bien, se devuelve a la Palabra para que ella rehaga lo que por ella fue hecho” (Sermón 117, 1-5).

2.- ¿Cómo recibimos nosotros la Palabra? Ella acampa entre nosotros, toma nuestra condición, “se hace hombre para divinizarnos a nosotros”. Ahora Jesús viene a nosotros y podemos descubrirle en los pobres y necesitados. Muchas veces no le queremos ver cuando llama a nuestra puerta, le rechazamos como fueron también rechazados José y María. Este el gran drama del hombre: el rechazo de Dios y del hermano. Es significativo ver cómo tuvieron que ir fuera de los muros de la ciudad, cómo los primeros que se dieron cuenta del nacimiento de su hijo fueron los excluidos de aquella época, los pastores, quienes, según Joaquín Jeremías, eran mal vistos porque nunca participaban del culto como los demás y vivían al margen de los demás. O más bien eran ellos marginados por los poderosos. Su trono fue un pesebre, su palacio un establo, su compañía un buey y una mula… ¡Por algo quiso Dios que fuera así!

3.- Hoy María y José siguen llamando a nuestra puerta. He aquí un relato, un cuento que puede ser realidad:

“Estando tranquilamente descansando en mi confortable casa después de un duro día de trabajo, llamó a mi puerta un inmigrante pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

— ¡Largo de aquí; no me molestes! Aquí no hay sitio para ti. Que te den de comer en tu país.

Más tarde llamó a mi puerta un mendigo pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

— ¡Largo de aquí; no me molestes! Trabaja para ganarte el pan, como hacemos todos y no vivas del cuento.

Luego llamaron a mi puerta un drogadicto y un alcohólico, pero les dije lo que muchas veces se dice:

— ¡Largo de aquí; no me molestéis! Si estáis así es porque vosotros lo habéis querido. ¡Allá vosotros!

Poco tiempo después llamó a mi puerta un parado pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

— ¡Largo de aquí; no me molestes! Si no trabajas es porque no quieres.

Finalmente llamó a mi puerta la injusticia, y entró arrolladoramente en mi casa sin yo quererlo, dejándome sin trabajo, sin dinero, sin casa y sin amigos. Desesperado, fui llamando de puerta en puerta pidiendo ayuda, pero siempre recibí la misma respuesta:

–¡Largo de aquí; no me molestes!

Me vi obligado a marchar de mi tierra, y fui vagando de un sitio a otro, recibiendo siempre la misma respuesta:

¡Largo de aquí; no me molestes!

Descubrí lo hostil que puede llegar a ser el mundo cuando se es un pobre excluido…., alguien que ya no cuenta para nadie. Refugiado en el alcohol, lloré amargamente tirado en un rincón de la calle, y allí quedé dormido sobre unos cartones. Al despertar, para sorpresa mía, me encontré de nuevo bajo el techo de mi confortable casa, acostado sobre mi cama y con mi pijama de siempre, teniendo todo lo que creía haber perdido desde que entró la injusticia en mi casa. ¿Qué había ocurrido? Después de serenarme un poco y recapacitar, me di cuenta de que todo resultó ser una terrible pesadilla, tan real como la vida misma.

De pronto llamó a mi puerta un hambriento pidiendo ayuda, y sin dudarlo, abrí mi puerta para que aquel hombre se sentara en mi mesa y comiera conmigo. Desde ese día decidí no seguir siendo culpable con mi indiferencia, y mi puerta quedó siempre abierta para poder hacer justicia a mis hermanos”.

4.- Amor de Dios a los hombres. “A quienes les recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Este don gratuito, grandioso e inesperado es como “nacer de Dios”. Dios se acerca a los hombres hasta el punto de hacerse uno de ellos, “hacerse carne”, dice el evangelista. El misterio de la Encarnación, es el misterio del Amor de Dios a los hombres. Demos gracias a Dios en este día de Navidad por el Niño-Dios hecho hombre por nosotros.